«Irun es un ecosistema cultural muy potente y con muchas posibilidades»
Ainara Martín es la nueva directora del área de Cultura
- IÑIGO MORONDO
- IRUN
Ainara Martín nació en Lasarte-Oria y vive en Andoain, aunque la mayor parte de su vida adulta la ha pasado fuera de Gipuzkoa. Cumplirá 39 años en diciembre, pero luce un curriculum lleno de experiencias diversas con cargos de responsabilidad tanto en empresas privadas como en iniciativas públicas. Ha desarrollado proyectos pedagógicos para museos barceloneses como el Macba o La Pedrera; ha sido directora creativa en una agencia de comunicación como Arista; investigadora en proyectos socioculturales de la UPV; diseñadora para una consultora antropológica... Quizá lo más conocido que ha hecho en Gipuzkoa es haber asumido, hasta mayo de 2012, la dirección del proyecto cultural de Donostia 2016-Capital Europea de la Cultura. Ocupó su cargo de directora del área de Cultura este jueves, pero se declara ya «una irundarra más. Siempre ocupo los lugares que me dejan ocupar y ya me siento una irunesa que quiero hacerlo lo mejor posible para su ciudad».
-Toda su trayectoria profesional parte de la facultad de Bellas Artes.
-Empecé la carrera en Bilbao y la terminé en Norwich, en el Reino Unido. Un profesor me animó a irme allí porque tenían un planteamiento diferente. Aquí, Bellas Artes era pintura, escultura, restauración, historia del arte y audiovisual. Allí, ya manejaban otros códigos más flexibles, más contemporáneos: diseño de moda, multimedia, videojuegos...
-¿Qué le animó a concurrir al proceso que se abrió este verano para cubrir la dirección del área del Cultura del Ayuntamiento de Irun?
-Fueron muchas cosas. Por un lado, me atrae la ciudad, que tiene un tamaño considerable y retos importantes por delante. Tiene un sustrato de cosas muy interesantes, algunas con cierta tradición, consolidadas, y al mismo tiempo ventanas abiertas a nuevas propuestas. La red de equipamientos es muy potente y destacaría especialmente el nuevo CBA e Irun Factory. Conocía la ciudad y los proyectos que se están desarrollando, conocía la red cultural que se está tejiendo. Todo me parecía muy sexy y me apetecía mucho venir aquí.
-Decía que todo esto era 'por un lado'. ¿Qué otras razones tenía?
-Me atraía volver a la gestión de lo público. Soy una persona con mucha vocación que cree que las cosas hay que cambiarlas desde dentro. No puedes quejarte de que te tienes que marchar porque aquí no hay un lugar para lo tuyo y luego no hacer nada por cambiarlo. Sé que tengo mucho que aprender, pero tengo cierta trayectoria y, aunque humilde, me gustaría que sirviera para poder aportar algo. Además, aquí hay trabajando gente con mucha experiencia y voy a poder contar con ellos. Cuando vi esta oportunidad, no tuve duda en presentarme.
-¿Conoce el trabajo que hizo su antecesor en el cargo, Patxi Presa?
-Conocía a Patxi porque es un agente de referencia en Donostia y conozco mucho del trabajo que ha hecho en Irun. Comparto en muchos aspectos la línea que marcó. Pretendo hacer un trabajo continuista porque los proyectos culturales necesitan tiempo y estabilidad. Tenemos que estar atentos para reconducir lo que sea necesario, porque las cosas al final no son tal y como se plantean sino como tienen que ser.
-Ha mencionado el CBA, el espacio cultural que este fin de semana se ha estrenado en la plaza de San Juan.
-Es un nuevo reto para la ciudad, el nuevo espacio de la cultura. Una superficie grande, una posición única, una apuesta fuerte y con una vocación clara de ser más que una biblioteca. Es un lugar único construido de forma diferente porque ni siquiera se ha construido, sino que se ha intervenido sobre un espacio que estaba ahí. Pero no es sólo un contenedor, tiene que tener contenido. La programación tiene que ir construyéndose para alimentarlo. La biblioteca de Irun funcionaba muy bien y estará integrada ahí, pero la sociedad va cambiando y un centro cultural debe responder a la demanda de lo que está ocurriendo. Ni estudiamos, ni leemos, ni nos formamos, ni disfrutamos del tiempo libre como lo hacíamos antes. Modularemos el espacio y el programa según lo que allí esté ocurriendo.
-¿Será este mandato en el que se defina a qué se destinará el resto del espacio aún disponible en esa planta bajo la plaza, otro tanto como lo que es el actual CBA?
-Tenemos que ir despacio. Me gustaría hacerlo con cierta ética profesional, ser sostenible y delicada en los planteamientos. Lo que construyamos, hay que hacerlo con cabeza. No me gustaría tener algo sobredimensionado, sin contenido, muerto de la risa como... (duda) en otras ciudades. Nadie quiere eso. Ni dentro ni fuera del área; ni el Gobierno ni la oposición ni los ciudadanos.
-Ha hablado también de Irun Factory, un proyecto innovador y muy reciente que empieza a dar frutos.
-Los proyectos culturales necesitan tiempo y confianza. Era difícil comunicar qué era Irun Factory cuando empezó. Era pequeño, no estaba en el centro, estaba 'vacío' para poder ser usado... Pero en dos años ya se pueden contar cosas. Mucha gente habla de ese espacio dentro y fuera de Irun, hay iniciativa, programas, un buen equipo gestor. Es un patrimonio para Irun, algo que esta ciudad tiene y muchas otras no. Para avanzar, hace falta gente que piense diferente y en Irun hay espacios donde poder hacerlo. Hay que confiar en las personas, empoderarlas y darles visibilidad. A eso hay que sumar la ubicación transfronterizon, fomentar movimientos. Irun es un ecosistema cultural muy potente, con muchas posibilidades.
-Le he preguntado por los dos grandes referentes, los más recientes, pero ya sabe que aquí hay mucho más...
-Sí, claro. Acabo de llegar y estoy en la fase de escuchar y conocer: el Museo Oiasso, el Amaia, la Sala Menchu Gal, Kunsthal, tantas y tantas entidades que trabajan en el mundo de la cultura, academias... de todo. Llego con muchas ideas en la cabeza, pero no me gusta ser intrusista. Hay mucha gente que lleva tiempo trabajando aquí y tienen mucho conocimiento. Primero quiero ver toda la película y trabajar después cada secuencia de esa película poco a poco, pero siempre respetando lo que se ha venido haciendo. No voy a ponerlo todo patas arriba
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