martes, 8 de diciembre de 2020

«Yo siempre decía 'te traigo una vidriera pero no te vendo los reflejos'»

Noticia publicada en Diario Vasco,el martes día 8 de Diciembre de 2020.

«Yo siempre decía 'te traigo una vidriera pero no te vendo los reflejos'»

Estuvo al frente de la Unión de Artistas Vidrieros de Irun casi 50 años y ya jubilado sigue siendo un gran artistaJosé Luis Alonso Vidrio, color y mucho arte

José Luis Alonso es un artista con todas las letras y su taller bien podría ser un museo. Aquí, con su versión de la Última Cena. / F. DE LA HERA
José Luis Alonso es un artista con todas las letras y su taller bien podría ser un museo. Aquí, con su versión de la Última Cena. / F. DE LA HERA
YLENIA BENITO* BIDASOANDV@GMAIL.COM

Entrar en el taller de José Luis Alonso es entrar en un museo y recorrer la historia de Irun basada en la luz. Sí, en la luz de las miles, cerca de 4.000, de vidrieras que han salido de aquí. La luz del sol brilla diferente, con los colores de nuestros artesanos, en diferentes punto del mundo. Desde Puerto Rico a Japón. Desde Ayuntamientos a parroquias pasando por restaurantes y hoteles. En este taller de Belaskoenea este artista, no solo vidriero, ha sabido captar la luz como nadie y darle color para que brille como nunca. El taller de José Luis aún tiene restos de esos miles de trabajos, tiene bocetos, herramientas, pedacitos de vidrio y, sobre todo, millones de recuerdos. Con él, abrimos sus carpetas y libros de visitas. Así repasamos esa historia basada en la luz que tuvo una vez Irun y que ahora brilla por todo el mundo.

–José Luis, el 12 de abril de 2008, mi compañero Iñigo Morondo, publicaba aquí la noticia de tu jubilación. Pero visto tu taller, creo que no lo has hecho...

–(Risas) Bueno, vidrieras no he vuelto a hacer. Alargué mi jubilación cuatro meses para terminar un par de encargos que tenía pendientes, pero luego ya no hice más. Ahora pinto, intento archivar los trabajos realizados y también recopilar cosas de otros artistas. Recuerdo esa entrevista con tu compañero, seguro que firmó en el libro de visitas. ¡Vamos a buscarlo!

VIDRIERO«Con 14 años me llamaron de la Unión de Artistas Vidrieros de Irun y empecé ahí, hasta jubilarme»PINTURA«Tengo un pequeño estudio en casa donde pinto, pero no me entra todo y lo traigo aquí al taller»

–Mientras tanto, cuéntame, ¿cuántos años te dedicaste al oficio de vidriero?

–Pues echa cuentas. Empecé muy joven en la Escuela Municipal de Dibujo con Gaspar Montes, él fue mi maestro. Con 14 años me llamaron de la Unión de Artistas Vidrieros. Estaba en Uranzu, con el tiempo, cuando fue a desaparecer, decidimos tomar las riendas y nos trasladamos a este taller en Belaskoenea. Casi 50 años hemos estado aquí trabajando. Mira, lo encontré, aquí está la dedicatoria de Iñigo Morondo.

–Espera, pero antes hay unas dedicatorias... ¿en japonés?

–Sí, por aquí han pasado muchos japoneses, he salido en la televisión de allí y también he estado allí trabajando. Todavía recuerdo cómo les llevábamos a comer aquí al lado o a la Irungo Atsegiña. ¡Se iban todos encantados!

–Este libro es como un libro de historia, hay hasta presidentes.

–Mira, sí, esta firma es de 'monsieur le President'. El presidente de Francia. También hay muchos artistas: Oteiza, este es un artista cubano que ha triunfado en Rusia... Y yo creo que por aquí también tendré la carta que me enviaron de la Casa Real por el trabajo que me encargó la Reina Sofía.

–Pero, ¿hay alguien que no haya pasado por aquí?

–Ha pasado mucha gente, la verdad. Mira, también tengo un libro de tarjetas de visita. De esas que se entregaban antes. En este libro hay hasta gobernadores. Y esta de aquí, mira de quién es...

–¡René Petit!

–Claro, aquí vino como ingeniero, no como futbolista. (Risas)

–Las vidrieras que han salido de aquí están por todo el mundo, ¿verdad?

–Lo tengo todo apuntado, estoy intentando recopilar todos los trabajos que he hecho. Hay vidrieras en Wisconsin, en Puerto Rico o en Albacete.

–Y en Japón, claro.

–Claro. Trabajé mucho con Hiroyuki Kishi, que era de Hiroshima. Estuve allí y también estuvieron aquí muchos japoneses para aprender el oficio. Sobre todo, les enseñaba cómo usaba las plumas de oca para pintar. Arriba todavía me quedan herramientas. Ven, que te las enseño.

–Has sido, y eres, toda una referencia en este oficio y también venerado como artista. ¿Cuál era tu secreto? ¿Cómo hacías las vidrieras?

–Primero se hace el dibujo. Se lleva a tamaño natural y luego se hace el trazado cortando los colores y tal. Se calca, se hace en un papel más duro después, se sacan todos los calibres, se hace todo el proceso de numeración y luego se va cortando vidrio por vidrio. Luego se van perfilando los negros, luego se pegan cristales con cera y se va dando sombras al revés de un dibujo normal. Esto se hace hasta cuatro veces para dar profundidad porque la luz se come todo. Después se cuece a 600 y pico grados, se dan esmaltes y se vuelve a meter al horno y al sacar todas las piezas, ya casi te las has aprendido de memoria. (Risas) Las ensamblas y se emploma todo eso. El proceso es larguísimo...

–Y todo depende de la luz...

–Depende de la orientación, claro. Siempre preguntaba a los arquitectos por el material de alrededor. Creían que estaba loco, pero yo llevaba vidrieras pero no vendía reflejos. Depende del material, sabía la luz que iba a hacer. El reflejo era muy importante.

–Y después de tu jubilación, José Luis, ¿qué ha sido de los Artistas Vidrieros de Irun?

–Al jubilarme pensamos en vender la empresa, pero yo no quería dejar a mis clientes en manos de cualquiera. Lo pensé mucho, hasta que apareció un bielorruso. Hablamos mucho y mi mujer y yo nos dimos cuenta de que él sí era la persona adecuada. La empresa, por lo tanto, sigue existiendo y está en Madrid.

–Y después, a los 65 años y cuatro meses, dejaste las vidrieras pero no soltaste los pinceles.

–(Risas) Bueno, tengo un pequeño estudio en casa. Pinto allí y como ya no me entran más cosas, las traigo aquí. Siempre he pintado, en su día gané algunos premios, pero acabé dedicándome por completo a las vidrieras. Ahora disfruto pintando, no vendo nada, nunca he vendido, pero hago todo lo que se me ocurre.

–Es impresionante, es como un museo...

–Mira, eso es un homenaje a Picasso, esta es la Última Cena vista por mí, pescadores, esto es San Juan de noche, esto caras y figuras extrañas que se me ocurren... Así paso los días.

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