Incendio de Irun: «Las llamas hacían estallar las ventanas del cerramiento del balcón una tras otra»

El fuego en una vivienda del barrio Artia de Irun se salda con veinte vecinos atendidos por inhalación de humo, de los cuales nueve fueron trasladados a centros sanitarios
El bar Aldabe, en el barrio de Artia de Irun, cerró el jueves casi a las tres de la madrugada. No es lo habitual para este establecimiento que llevaba «un día bastante intenso, primero con el partido de la Real y luego con el del Athletic y el Barça», contaba Nagore Mauriz, que regenta el negocio con Aitziber Ortega. «Antes de las 23.00 horas ya estábamos recogiendo, con la persiana casi hasta abajo, cuando un vecino que paseaba al perro nos llamó y nos preguntó si no olíamos el humo». Salieron a la calle en busca del origen «y de repente sonó un ruido muy fuerte, como una explosión». Era el sexto piso del bloque frente al bar, el número 1 de la calle Pío Baroja, pero en la fachada trasera. «El balcón tenía un cerramiento, como tienen otros pisos. El fuego fue reventando las ventanas una tras otra», relataba ayer José Ramón Otaegui, testigo desde su ventana, en la torre de enfrente. «Empezaron a caer los restos en llama viva a la calle, algunos sobre la furgoneta que estaba aparcada. Cuando llegó el dueño, ni se atrevía a meterse dentro a moverla y al final vino un bombero y sacó la furgoneta de ahí».
Los equipos de emergencia llegaron «enseguida, la verdad», aseguraba José Antonio Isidro, residente del edificio en el que se produjo el fuego. «Hacia las once o así empezamos a escuchar golpes y ruidos. Salimos a la escalera y ya notamos el olor y el humo y oímos que en los pisos de arriba alguien gritaba '¡Carmen! ¡Carmen!'», el nombre de la propietaria del piso incendiado, que vive allí «con su hijo y la novia de él». Los propios vecinos empezaron a movilizarse para «sacar a la gente, porque no sabíamos muy bien qué pasaba, pero estaba claro que cuanto más arriba, más denso era el humo, así que ayudamos a la gente más mayor a bajar a los pisos más bajos». Algunos optaron por salir directamente a la calle. En las plantas más altas, la del incendio y la superior, la mayoría de vecinos no pudieron bajar y tuvieron que esperar a la llegada de los bomberos y la Er-tzaintza para ser evacuados con mascarillas. Pronto llegaron también las ambulancias, que atendieron a una veintena de personas por inhalación de humo, de las que 9 fueron trasladadas a centros sanitarios.
«Vimos a los sanitarios atendiendo a la gente en la calle y les propusimos que usasen el bar si querían». La propuesta de Mauriz y Ortega fue bien recibida y su local se convirtió en una sala de atención en la que enseguida empezaron a distribuirse «infusiones tipo relax, tilas y al final hasta cafés, porque la gente que bajaba de casa, algunos que estaban hasta en pijama, se quedaba en la calle sin saber qué hacer y les ofrecíamos que entraran».

El comportamiento de las camareras del Aldabe fue agradecido ayer por el vecindario, tanto por redes sociales como en persona. «En una situación así no sabes por qué haces las cosas. Haces lo primero que te sale», decían. A ellas, lo primero que les salió fue levantar de nuevo la persiana e invitar a entrar a sus vecinos.
Alojamiento de urgencia
Mientras el bar servía de refugio, bomberos y Ertzaintza luchaban contra las llamas, que «salían con mucha fuerza, como una antorcha gigante», describía otro vecino. El fuego estaba en un piso sexto que, por el acusado desnivel de la zona, tiene la altura de un octavo en esa fachada. «Los bomberos pusieron el camión debajo y conectaron la manguera a la boca de riego, pero entre que no tenían espacio para acercarse a la fachada y que el piso quedaba alto, poco podían hacer por ese lado», contaba Otaegui. «Al final fueron los que entraron por dentro los que pudieron controlar el fuego».
La vivienda inmediatamente superior quedó bastante afectada y la inferior, con graves daños a causa del agua empleada en las labores de extinción. Pero fue sin duda el piso donde comenzó el incendio, cuyas causas ayer aún no se habían determinado, el que quedó en peor situación. Aunque a partir de las dos de la madrugada los vecinos del inmueble pudieron ir regresando a sus viviendas progresivamente, los de aquellas más perjudicadas no tuvieron esa posibilidad. Sí entraron ayer por la mañana para comprobar el alcance de los daños, «pero va a pasar mucho tiempo antes de que se pueda volver a vivir aquí», decían familiares de Carmen, la vecina en cuya casa comenzaron las llamas.
Ella, como las otras dos personas con las que convive, fueron alojadas de urgencia por el Ayuntamiento en un establecimiento hotelero de la ciudad. Los familiares valoraron la ayuda del consistorio, así como «la preocupación del alcalde», José Antonio Santano, que acudió a interesarse personalmente por la situación. Sobre todo, agradecieron «el gran trabajo de los servicios de emergencia: de los sanitarios, de los policías y de los bomberos. Gracias de corazón».
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