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«Hace más de 150 años que nos pasamos de la raya»
Adolfo Eraso y Karmenka Domínguez llevan más de 10 años recogiendo la información que los glaciares aportan sobre el calentamiento global. El proyecto Glackma presentó en el Amaia datos sobre el cambio climático recogidos en los polos
11.03.12 - 02:26 -

Información y anécdotas. Karmenka Domínguez y Santiago Eraso, que fueron presentados por el miembro del Foro Alex Álvarez, pronunciaron una conferencia interesante y entretenida. :: FOTOS: F. PORTU

Interés. Numeroso público de todas las edades se acercó al Amaia.
El mundo está cambiando y, esta vez, mundo significa planeta. Nuestra ombliguista especie tiene cierta costumbre de decir que el mundo cambia cuando lo que en realidad cambia es nuestra sociedad. En esta ocasión, ese reduccionismo queda de lado. Adolfo Eraso y Karmenka Domínguez se encargaron de dejarlo muy claro en la conferencia, organizada por el Foro Ciudadano, que ofrecieron en el Amaia ante casi 200 personas.
Eraso y Domínguez son el alma mater del Proyecto Glackma, iniciativa que tiene por objeto recoger el torrente continuo de información sobre el calentamiento global que los glaciares ofrecen. La pregunta con la que titulan su conferencia es '¿Qué nos dicen los glaciares?' y lo que nos dicen es que «nos hemos pasado de la raya; hace más de 150 años que nos pasamos». Eraso se refiere a que los datos que se están registrando «no tienen antecedentes en la historia. Esto nunca había pasado en la naturaleza hasta hace 150 años».
Él recoge datos y dice que no está para interpretarlos, pero hay cosas que necesitan poca interpretación: las tablas que reflejan el preocupante incremento en distintos parámetros (por ejemplo partes por millón de CO2 en la atmósfera) son regulares durante más de 150 siglos y se disparan en los dos últimos. Exactamente el mismo dibujo que presenta la gráfica de la población humana mundial, desatada desde la revolución industrial.
Quien se pregunte cómo saben estos (y otros muchos) científicos del CO2 de hace 1.500 años debe saber que el hielo es la gran hemeroteca de la historia planetaria. Las investigaciones actuales están logrando remontarse hasta cerca de 4.500 años. «Las partes por millón de CO2 nunca pasaron de 280, hoy estamos en 390 y el incremento se ha dado en menos de 200 años. Eso no es algo natural».
El motor meteorológico
Pero esto escapa ligeramente del campo de acción de Glackma, que a lo largo de más de diez años, ha instalado instrumentos de medición para calcular el ritmo de descarga de agua de esos monstruos de hielo que son los glaciares. Tienen cuatro medidores en la zona ártica y otros tantos en la Antártida.
«La conclusión general para todos ellos», afirmaba Domínguez, «es que hay un crecimiento acelerado del desagüe. Los glaciares descargan agua el doble de días que hace 10 años. Antes se limitaba a los 2-3 meses más calidos de cada zona (nuestro verano en el Ártico y nuestro invierno en la Antártida) y ahora descargan durante 6 meses». Entre 1987 y 2000, el hielo que se fundía en agua cada año se duplicó. Volvió a hacerlo entre 2002 y 2006. «El ritmo es cada vez mayor».
El nivel del agua del mar «subió 1,34 centímetros en los 80; 3,87 cm. en los 90 y en la década pasada, prácticamente 10», señaló Eraso. «Pero eso no es nada, claro; si se funden todos los glaciares subirá 70 metros...», decía sarcástico. El investigador apuntó los efectos de todo esto: «Al aumentar el nivel del mar, aumenta la superficie de evaporación y cambiamos el clima. No hablamos de que vaya a hacer más calorcito en la Tierra, ¡qué bien!. No. El motor meteorológico es cada vez más potente. Hace 150 años era como el de un 600 y hoy como el de un Ferrari. Hablamos de un tiempo cada vez más difícil de predecir, que no se ajusta a las estaciones que hemos conocido toda nuestra vida. Semanas de intenso frío en pleno verano, semanas de mucho calor en pleno invierno, poca lluvia en las épocas en las que debería llover mucho... ¿Os suena de algo esto que estoy diciendo?». Se avecina una meteorología cada vez más virulenta, desagradable y dura.
Karmenka Domíngez inistió en que «esto está pasando y lo estudiamos en los glaciares porque son más sensibles y los efectos, más evidentes». Cuando terminaron su exposición, la primera pregunta desde el público estaba clara: «¿Podemos hacer algo para pararlo». «No», decía Eraso; «Nos hemos pasado de la raya; lo hicimos hace ya 150 años y estamos fuera de madre. Sólo nos queda formar a las generaciones siguientes para que no sigan en esta línea y las cosas no vayan a peor».
Pese a ser la principal aportación española al Grupo Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático, Glackma se ha quedado sin subvenciones por lo que el proyecto se ha rediseñado como asociación sin ánimo de lucro. Buscan socios, 3.000 en concreto, para que a razón de 12 euros anuales, den solidez financiera a los costes de la iniciativa, que exige viajes a los polos para recoger los datos, entre otras cosas. Además, trabajan con 70 colegios a través del blog Karmenka desde los polos con actividades formativas y de divulgación, organizan concursos para los alumnos, talleres para los socios, venden libros... Y dan conferencias. Toda la información se encuentra en la web www.glackma.es
El tema de la conferencia era muy serio, pero Karmenka y Adolfo son ambos personas joviales, cada uno en su estilo. Su conferencia dejaba espacio continuamente a un completo anecdotario de sus reiteradas experiencias polares. El frío, por supuesto, les ha dado muchas lecciones, «como que te puedes quemar si coges con la mano un objeto metálico a menos 40 grados», o que «puedes no sentir un miembro durante 8 horas sin que te deje secuelas. Ahora, de ahí en adelante»... «La comida es a base de cremas y es horrorosa», decía Karmenka. «Cuando vuelves a la civilización te quieres poner morada, pero el estomago se te ha reducido tanto que no puedes comer, te llenas al primer bocado». Que durante muchos meses no se ponga el sol «te lleva a jornadas de trabajo de 50 horas y a dormir hasta que te despiertas», pero reconocen que en el fondo, tienen «suerte de que los lugares ideales para medir el deshielo sean sitios preciosos con paisajes increíbles».
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