domingo, 6 de diciembre de 2020

«El público está ahora en el teatro como si asistiera a un milagro»

Noticia publicada en Diario Vasco,el domingo día 6 de Diciembre de 2020.

«El público está ahora en el teatro como si asistiera a un milagro»

Rafael Álvarez 'El Brujo' Actor, autor y director Esta tarde, a las 19 horas, con el violinista Javier Aljano, presenta en el Centro Cultural Amaia el espectáculo 'Dos tablas y una pasión'

El dramaturgo Rafael Álvarez 'El Brujo'. /
El dramaturgo Rafael Álvarez 'El Brujo'.
María José Atienza
MARÍA JOSÉ ATIENZAirun.

Al otro lado del teléfono se escucha una voz grave y luminosa. Es una voz trabajada durante cinco décadas para proyectarse al público desde los escenarios de todo el país. Es la voz del mejor Lazarillo de Tormes, del premiado Rogelio de 'La taberna fantástica', del inolvidable Búfalo de 'Juncal'. Es la voz de Rafael Álvarez 'El Brujo' y vamos a tener el privilegio de escucharla hoy en Irun. A las siete de la tarde, 'El Brujo' saldrá al escenario para hacer puro teatro, con textos clásicos y comentarios de actualidad de cosecha propia. 'Dos tablas y una pasión' es el título del espectáculo que Rafael Álvarez trae a la ciudad y en el que estará acompañado por el violinista Javier Aljano.

–¿Puede hablarnos de la obra?

–Es un paseo por los autores del teatro del Siglo de Oro español y por el teatro de Shakespeare. Es una obra basada en una frase que se atribuye a Lope de Vega, pero también a Cervantes y que tal vez dijeran los dos: 'Dadme dos tablas y una pasión y os daré buen teatro'. Esa frase me sirve de pretexto para pasar por todos esos autores, citarlos y compartirlos con el público. Es una obra en dos planos: uno con la estética del teatro clásico de capa y espada y otro que es el que comento yo, como actor contemporáneo, todo eso en contraste con el mundo actual.

«La cultura es un alimento, pero ha hecho falta que llegue una catástrofe para darnos cuenta»SECTOR ESENCIAL

«Irun es una ciudad a la que me gusta ir porque sé que tiene un buen público de teatro»PLAZA CONOCIDA

–A pesar de los años que lleva sobre las tablas, creo que antes de salir a escena sigue inquieto y preguntando cómo está el público. Usted lo sabe mejor que nadie. ¿Cómo está el público en este momento?

–El público está como nunca. Su actitud ha cambiado mucho. Ha sido una cosa increíble. El público está en el teatro como si asistiera a un milagro. El primer milagro es que hay teatro y el segundo milagro es que ellos están vivos delante de los actores. Cuando van con la mascarilla puesta al teatro, cumpliendo con todos los requisitos de seguridad para prevenir el Covid, ya van porque han tenido una voluntad, un acto de determinación poderoso que les ha llevado a salir de casa, a pesar de todo lo que hay en contra, para ir al teatro. Hemos ganado una cosa maravillosa. No hay mal que por bien no venga.

–Durante el confinamiento, hemos ido al supermercado, pero también nos hemos nutrido de libros, de películas... ¿Es la cultura un sector esencial?

–La cultura es realmente un alimento, pero ha hecho falta que llegue una catástrofe para darnos cuenta, aunque espero que no llegue una catástrofe todavía mayor. Tras la guerra de los Balcanes, se comprobó que la gente necesitaba mucho de la cultura. Quedaron muchas heridas. Las sociedades, cuando pasan traumas como un conflicto, una guerra o una pandemia como ahora, sufren muchas secuelas de tipo psicológico. Se queda mucho miedo dentro, mucha tristeza. Entonces la cultura, el arte, el contacto con la belleza y con la celebración de la vida, es lo que nos alimenta para que nos recuperemos y sanemos.

–En 'Dos tablas y una pasión' no se presenta solo ante el público, sino con el violinista Javier Alajano. Parece que música y palabras surgieran ensambladas de forma natural en la obra, pero está claro que hay muchas horas de ensayo detrás. Sabemos que usted trabaja los textos de manera intensa y minuciosa. Él dice que no le acompaña con el violín, sino que traduce sus ideas al lenguaje de la música.

–El trabajo de los textos es parecido al de la música. Los músicos ensayan una y otra vez una nota y nosotros escuchamos una palabra u otra, una y otra vez, para decidir cuál es la que encaja mejor. Javier y yo ensayamos juntos. Medimos las palabras y la música, la duración de un parlamento, de cada texto... Luego, todo eso se olvida, pero todo el trabajo que se ha hecho antes está ahí y se percibe. Javier Aljano lleva muchos años trabajando conmigo. Es un amigo estupendo, pero también es alguien que comprende perfectamente lo que yo hago y por eso, en la obra, hay una simbiosis muy poderosa entre la música y la palabra.

–El el programa 'Imprescindibes', de TVE, 'El Brujo' mostraba dos mesas: una más colorida y alegre, en la que trabajaba sus creaciones y otra, con velas y algún santo que otro, en la que trataba los asuntos que llamaba «perturbadores», es decir, las cuentas. En 50 años de teatro, habrá vivido muchas crisis.

–Hemos pasado por muchas cosas, mejores y peores. Yo empecé con la transición, haciendo teatro en unas condiciones muy diferentes a las de ahora. Luego vino la euforia del cambio, cuando España entra en la democracia, el socialismo, Europa, la movida madrileña... Ese fue un momento de expansión tremendo. No hace tanto, hemos pasado por la crisis económica de 2008, que fue muy larga y penosa y ahora nos ha venido esto. Es lo que tenemos y hay que seguir adelante, pero estoy bien. Ahora sólo trato los temas creativos.

–Esta no es la primera vez que Rafael Álvarez actúa en el escenario del Amaia. 'El Contrabajo' (1999) y 'Una noche con El Brujo' (2004) fueron sus anteriores obras programadas en Irun.

–No, no es la primera vez que voy, pero la última fue hace ya muchos años. Tengo un vínculo especial con la ciudad, porque muy cerca vive mi amigo Alfonso Sastre, del cual hice 'La taberna fantástica', la obra emblemática que a mi me lanzó totalmente y me abrió todas las puertas. Aquel fue mi comienzo realmente fuerte en el teatro y me quedó una muy buena amistad con el autor. Guardo muy buenos recuerdos de Irun, por Sastre y porque sé que es una ciudad que tiene un buen público de teatro. Por eso me gusta ir.

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