domingo, 13 de septiembre de 2026

David Giménez , el caminante que une el Mediterraneo con el Cantábrico

Noticia publicada en Txingudi Radio, el sábado día 12 de Septiembre de 2026.

DAVID GIMÉNEZ, EL CAMINANTE QUE UNE EL MEDITERRANEO CON EL CANTÁBRICO

DAVID GIMÉNEZ, EL CAMINANTE QUE UNE EL MEDITERRANEO CON EL CANTÁBRICO

 

A David Giménez no lo anuncia el ruido: lo anuncia la palabra. Por eso, cuando Borja Olazabal advirtió al arquitecto audiovisual Xabier Bermúdez, de Teledonosti, que “venía un caminante desde Salou”, todos entendimos que no era una llegada cualquiera. Era un acontecimiento. Un hombre que une mares con pasos, que convierte los mapas en relatos y que trae consigo la épica silenciosa de los que avanzan sin pedir nada.

Nos pusimos manos a la obra. Porque hay historias que no se pueden dejar pasar, y la de David —con su mochila, su barba curtida y esa mirada que mezcla cansancio y alegría— es una de ellas.

David venía de cruzar la Isla de los Faisanes, ese pequeño milagro diplomático que cambia de soberanía como quien cambia de estación. “La crucé hace media hora”, dijo, todavía con el brillo del agua en los ojos. Y al llegar al Ayuntamiento de Irun, se detuvo como se detienen los que saben mirar. La columna de San Juan Harri lo recibió con su historia de independencia y piedra. “Qué suerte tengo”, murmuró, como quien agradece al destino por ponerle delante un escenario que parece hecho a medida.

Antes de seguir hacia el faro de Higuer, David recompuso fuerzas en el bar Sargia, donde se celebró un ágape magnífico, de esos que devuelven vida al cuerpo y conversación al alma. Allí, el hijo de Juanita y de Joxe Mari, Joseba Lopetegi, ejerció de gran anfitrión, como solo saben hacerlo los iruneses de raza: con cercanía, con humor, con esa hospitalidad que no se aprende, se hereda.

David comió, bebió, rió. Y por un momento, el caminante que une mares se convirtió en un vecino más, sentado a la mesa, escuchando historias, compartiendo silencios.

“Voy rumbo al Higuer”, dijo después, levantándose con la serenidad de quien sabe que el camino continúa. Allí, donde el Cantábrico abre su pecho y el viento se vuelve muga,  David cerraría su travesía. Desde Salou hasta Hondarribia, desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico, desde la duda hasta la certeza.

Vivís demasiado rápido”, nos dijo antes de marcharse. “Andando se disfruta cada paso. Vivir el presente es el único reto que importa”.

Y se fue. Como se van los caminantes de verdad: sin ruido, sin prisa, sin despedida. Dejando detrás un relato que ya pertenece a Irun.

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