lunes, 25 de abril de 2022

El día de la opila volvió a ser una fiesta multitudinaria

Noticia pulicada en Diario Vasco,el lunes día 25 de Abril de 2022.

El día de la opila volvió a ser una fiesta multitudinaria

Con buen tiempo y sin restricciones, Irun retomó ayer una de sus tradiciones más entrañables

Fernando Jiménez, párroco del Juncal, dirige unas palabras a los cientos de irundarras que esta mañana han acudido a la bendición de las opilas. / F.DE LA HERA
 
JOANA OCHOTECO

Volvió San Marcos, volvió la celebración del día de la opila como siempre se ha hecho y, encima, lo hizo a pleno sol. «Habíamos encargado buen tiempo», les aseguró el párroco del Juncal, Fernando Jiménez, a los cientos de irundarras que acudieron este lunes a las 11.00 a la bendición que tuvo lugar frente a la iglesia. Fue la más multitudinaria, si bien todas las parroquias de Irun y la ermita de San Marcial celebraron, también, la tradicional ceremonia.

Como siempre, la plazoleta del Juncal se quedó pequeña y el público llegaba hasta la avenida de Navarra. Y, precisamente porque pudo hacerse como siempre se ha hecho, la bendición de ayer fue más especial que nunca: «Teníamos mono, porque desde el año 2019 no podíamos reunirnos aquí, presencialmente», aseguró el párroco. Y hubo mucha ilusión, pero también un recuerdo hacia «los enfermos, en especial quienes padecen la Covid-19» y «el personal sanitario, que trabaja con verdadera vocación y cariño. Tampoco queremos olvidar a Ucrania, que está sufriendo las consecuencias terribles de la guerra».

Fernando Jiménez recordó a los niños y niñas cuál es la esencia de esta fiesta: la celebración es posible gracias a que «hay una persona que os quiere mucho y que todos los años no olvida regalaros esta opila: las madrinas de vuestro bautismo». Ese regalo, subrayó el párroco, «es para compartirlo con la familia, los amigos, en este día tan hermoso. La vida es compartir». El buen tiempo animaba a disfrutar de la opila al aire libre, «en Ibarla, San Marcial, Guadalupe... Pero cuidando la naturaleza. A ver qué hacéis con los papeles, las latas...», advirtió.

Antes de proceder a la bendición, se rezó un Padre Nuestro y el párroco deseó que la celebración contribuya a «cuidar la vida y regalar amistad». Y, tras estas palabras, cientos de bizcochos se alzaron hacia el cielo para recibir unas gotas de agua bendita.

Pequeñas tradiciones

En torno al día de la opila revolotean otras tantas pequeñas tradiciones que en algunos casos se mantienen y en otros se han ido adaptando: según la receta original el bizcocho debe ser de almendra, aunque hay quien prefiere uno clásico. La opila se suele llevar envuelta en un pañuelo y, actualmente, muchas madrinas lo regalan junto a la primera opila con el nombre del niño o la niña bordado. También, desde hace algunos años, varias tiendas de Irun venden bolsas de tela planas y con asas destinadas específicamente a portar la opila. Pero hay quienes se mantienen fieles a la antigua usanza: como defendía ayer Arantza, que acompañó a sus dos nietos a la bendición del Juncal, «la opila hay que llevarla a pulso, y envuelta en un trapo de casa».

Otra costumbre es la de que el bizcocho lleve tantos huevos como años tiene el ahijado, aunque a partir de cierta edad cumplir esta costumbre sea complicado. Y luego está el clásico debate sobre si poner en la opila huevos duros teñidos de rosa o de chocolate, o una combinación de ambos. Los más txikis tienen clara su preferencia en este sentido, pero optar por huevos duros da pie a otra pequeña tradición que recuerda el vecino irundarra Iñaki: «cuando era pequeño, el 26 de abril siempre comíamos huevos rellenos o con tomate, aprovechando los de las opilas».

Se puede entrar, también, en un intercambio de pareceres sobre la decoración que deben llevar los bizcochos: hay un elemento que no puede faltar, que es el clásico pollito o 'txito'. A partir de ahí, se abre un mundo de posibilidades: las tradicionales yemas y rosquillas pueden ir acompañadas o sustituirse por caramelos, glaseado, figuras de chocolate, virutas de azúcar...

Lo que nunca falta es el cariño con el que se regala la opila, porque ser madrina en la comarca del Bidasoa tiene un valor añadido. Las hay quienes preparan la opila en casa, y quienes la encargan en uno de los obradores o pastelerías de Irun, a menudo guardando cola un buen rato: una hilera de personas esperaban su turno, poco después de las 10.00 de ayer, en el exterior de la panadería Garia. Incluso tras la bendición, en Aguirre, la fila de gente llegaba al exterior del establecimiento, «y esto no es nada», comentaba Elena, que vive junto a la pastelería. «Ayer», por el domingo, «la cola daba la vuelta a la esquina», aseguraba.


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