Internacionalistas: arriesgar la vida para defender Euskadi del fascismo
El historiador Aitzol Arroyo y el periodista Aitor Azurki han rescatado más de 175 nombres de combatientes extranjeros que lucharon en Gipuzkoa a comienzos de la Guerra Civil.

Más de 175 nombres sacados de lo profundo del olvido. El historiador Aitzol Arroyo y el periodista Aitor Azurki han desvelado el listado, la biografía y, en algunos casos, hasta la fotografía de todos aquellos internacionalistas que pusieron el cuerpo y arriesgaron la vida para defender Euskadi del fascismo. En un momento en el que la ultraderecha cabalga en Europa, Arroyo y Azurki se encuentran inmersos en un proyecto que rescata el recorrido y la aportación de estas personas que durante la Guerra Civil lucharon en Gipuzkoa, por ejemplo, en el frente de Irun. Se trata, no obstante, de combatientes extranjeros que se enfrentaron a los sublevados antes de la conformación de las Brigadas Internacionales en Valencia en octubre de 1936. “Se ha estudiado mucho sobre los milicianos, la Euzko Gudarostea... pero también hubo muchos extranjeros que, al no tener raíces en la propia Euskadi, su recuerdo ha quedado en la nada”, explica Azurki.
La investigación cuenta con una ayuda de la Diputación de Gipuzkoa y es a este territorio al que han circunscrito sus pesquisas, si bien es cierto que, tal y como han reconocido, fue en Gipuzkoa donde más intervinieron estas fuerzas extranjeras.
También fueron tres las pistas que, casi llegadas por el “destino”, les invitaron a pensar que había algo que descubrir. Los investigadores recuerdan que los primeros nombres de estos voluntarios surgieron durante la fase de documentación en el Archivo de Salamanca para la exposición Guerra civil en Gipuzkoa: resistencia y dignidad, que se programó en el Koldo Mitxelena en 2018; aunque ya en la novela Flores de la República (2016), de Miguel Usabiaga, hijo del militante comunista Marcelo Usabiaga, se hablaba de estos combatientes. El tercer golpe fue que cayó en sus manos la biografía de Esther Zilberberg, Estoucha, brigadista polaca, judía y comunista que llegó a la contienda para trabajar como enfermera, escrita por su hijo Georges Waysand.
Las cifras
Estudios anteriores situaban el número de voluntarios venidos de otros países europeos por debajo de la centena. No obstante, los nuevos datos doblan esas cifras. “Por ahora”, Azurki y Arroyo llevan más de 175 internacionalistas contabilizados, de los que más de 150 combatieron en el frente de Irun. Una docena y una treintena fueron heridos allí, “luchando hasta el último momento”, lo que, para los investigadores, demostraría su compromiso férreo con la causa.
¿Pero quiénes eran esos hombres y mujeres? ¿Y por qué acabaron luchando por una tierra que no era la suya? Si bien algunos fueron “jóvenes idealistas, revolucionarios y antifascistas”, muchos eran migrantes políticos italianos, alemanes y polacos, residentes en Francia o Bélgica, que debieron abandonar su hogar a causa del auge del fascismo en sus países, cuenta Arroyo. “Incluso, hubo algunos que habían combatido ya en la Primera Guerra Mundial en Alemania e Italia”, añade el historiador.
Estos combatientes trajeron “conocimiento” a las filas de los que se enfrentaban a los sublevados. Los internacionalistas ofrecieron “asesoría” y protagonizaron escenas que hoy podrían resultar más que curiosas. Un grupo de belgas de la USAF –Union Socialiste Antifasciste–, por ejemplo, trajo ocho ametralladoras en sus maletas que acabaron en el frente. Otros alemanes o franceses con carrera militar aplicaron su experiencia en la defensa de Irun, que se produjo a finales de agosto de 1936. “La aportación de estos luchadores fue importante a nivel cualitativo, pero más importante aún a nivel cuantitativo”, sentencia, rotundo, Arroyo, a lo que Azurki añade que en su mayoría fueron militantes comunistas, trosquistas, socialistas y algún anarquista “muy valientes y preparados”. Testimonios inéditos de todo ello pronto verán la luz.
Un proyecto, tres aristas
Y es que, para sacar todos esos relatos “de la nada”, este proyecto de memoria histórica tiene “tres patas”. Por un lado, los investigadores han escrito un libro académico, pero ante todo “divulgativo”, que pronto entrará en imprenta. Una de las particularidades del libro es que, en su parte final, incluirá un perfil biográfico de cada uno de los antifascistas extranjeros que han hallado en esta investigación que les ha llevado por múltiples archivos del continente europeo. Sobre este extremo, Arroyo destaca la importancia que ha tenido el Archivo Estatal Ruso de Historia Sociopolítica (RGASPI), que solo en su web tiene más de 26 millones de documentos digitalizados. Su fondo dedicado a las Interbrigadas, con más de un millón de registros, ha sido definitivo para poder desarrollar su estudio. A su vez, han consultado documentos en las colecciones de Salamanca, Ávila, Países Bajos, Alemania...

Además de este libro, se encuentran trabajando en otro. En este caso, una traducción al castellano del libro Estoucha –luchan por lograr una ayuda que permita traducirlo también a euskera–. Aunque se trata de un libro publicado originalmente en 1997, Waysand ha actualizado el texto tras encontrarse con Arroyo y Azurki y visitar el País Vasco, y será Alberdania quien lo edite en Euskadi.
Por último, se encuentran inmersos en otra iniciativa a más largo plazo: un documental producido por Área Audiovisual, que ha sido seleccionado por la prestigiosa residencia Apika Lab, y que prevén tener culminado en 2028.
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