domingo, 12 de septiembre de 2021

Luis Laguardia Zubia: «Estoy muy agradecido a mis clientes, que me lo han dado todo en la vida»

Noticia publicada en Diario Vasco,el domingo día 12 de Septiembre de 2021.

Luis Laguardia Zubia: «Estoy muy agradecido a mis clientes, que me lo han dado todo en la vida»

La tienda ubicada en el número 60 del Paseo Colón bajará su persiana para siempre el próximo 30 de septiembre 

Luis Laguardia permanecerá todavía dos semanas en la Amuebladora de Gros, tiempo en el que seguirá despidiéndose de sus clientes. / DE LA HERA 

Luis Laguardia permanecerá todavía dos semanas en la Amuebladora de Gros, tiempo en el que seguira despidiendose de sus clientes./F.DE LA HERA.

 

ANIA M. SEISDEDOS* BIDASOANDV@GMAIL.COM

Tras casi medio siglo ofreciendo lo mejor de sí mismo a sus clientes, Luis Laguardia Zubia asegura que la decisión de jubilarse no ha sido fácil, puesto que ello implica bajar para siempre la persiana de la Amuebladora de Gros. Pero lo hace satisfecho, sabiendo que ha disfrutado de una profesión que también es su pasión y, sobre todo, muy agradecido a todas aquellas personas que han hecho posible que este negocio haya perdurado siete décadas.

–70 años, se dice fácil...

–Es bastante tiempo, sí. Creo que, después de Aguirre, este es uno de los negocios más antiguos de Irun.

–¿A quién le debes haber podido llegar hasta aquí?

–A mis clientes, sin duda, pero también a mi abuelo. Fue él quien construyó este edificio después de la guerra. Y poco después montó la tienda.

–¿Por qué se decantó por el mundo del mueble?

–Él era ebanista y trabajaba en el hotel María Cristina. Pero era un hombre terriblemente trabajador y compró un local en el barrio de Gros. Comenzó así a hacer trabajos de tapicería y a fabricar pequeños muebles. Y de ahí viene el nombre de Amuebladora de Gros.

–¿Y después se trasladó a Irun?

–Sí, pero también abrió tiendas en San Sebastián, Pamplona, Andoain y Eibar. En cada una de ellas puso a trabajar a un hijo. En la de Irun fue mi padre.

–Por aquel entonces no habría muchas tiendas de muebles en la ciudad.

–No, de hecho, creo que esta fue la primera en abrir.

LA HISTORIA

«Mi abuelo, que era ebanista, construyó este edifició y abrió la tienda hace algo más de 70 años»

–Y las demás tiendas que puso en marcha tu abuelo, ¿también han subsistido hasta nuestros días?

–No. Esta es la única, porque los descendientes de mis tíos no quisieron tomar el relevo. Es lo mismo que me sucede a mí. Mis hijos tienen sus trabajos y no quieren seguir con el negocio.

–Así que no te ha quedado más remedio que cerrar.

–Sí. No ha sido una decisión fácil, pero en algún momento tenía que llegar. De hecho, lo estoy haciendo un año más tarde de lo previsto, ya tengo 66.

–¿A qué se debe la demora?

–Con todo esto del Covid no tuve tiempo para hacer la liquidación como yo quería. Porque mi idea no era hacer una liquidación salvaje, ya que creo que a la gente de la comarca del Bidasoa y alrededores le debía tener un poco más de respeto, por todo lo que me han dado a mí durante este tiempo. Por eso quería que el proceso fuera más lento, que los clientes tuvieran tiempo de venir y poder ir despidiéndome de ellos. Así que en lugar de un cartel de 'Liquidación total' puse otro en el que explicaba que tras más de 70 años la tienda cerraba y daba las gracias a todas las personas que en estos años han pasado por aquí.

–¿Y cómo reaccionaron los clientes al ver ese cartel?

–Muchos me han dicho que les daba pena, pero también que se alegran por mí.

—Después de casi medio siglo al frente del negocio, te lo has ganado.

–Sí... Yo llevo aquí unos cincuenta años. De pequeños ayudábamos en todo lo que podíamos, como era habitual en cualquier negocio familiar. Pero cuando tenía 20 años y tras terminar el bachillerato superior, mi hermano Pedro, que es mi socio, y yo comenzamos a trabajar con mi padre. Según fui creciendo y cogiendo más experiencia hice cursillos de decoración, de dibujo a través de ordenador, etc. Entonces mi padre comenzó a relajarse y nosotros a responsabilizarnos de la empresa.

–La de anécdotas que esconderán estas cuatro paredes...

–Las ha habido, pero yo diría que toda mi vida es una anécdota.

–¿Qué es lo que más vas a extrañar?

–A los clientes, sin duda. Me gusta cuando la gente viene y me cuenta recuerdos que tiene de cuando estaban aquí mis padres, o simplemente se queda a charlar un rato.

–En todo este tiempo, no habrán sido pocos los clientes habituales...

–Hemos tenido una clientela terriblemente fiel, que nos ha respetado mucho, aún con toda la competencia que ha habido después. Por eso siempre digo que, más que clientes, tenemos muchos amigos.

LA DESPEDIDA

«No ha sido una decisión fácil de tomar, pero en algún momento tenía que llegar»

–Imagino que el buen trato habrá tenido mucho que ver...

–Supongo. La verdad es que ha sido un orgullo que la gente volviera, incluso distintas generaciones de una familia, porque es una forma de que te reconozcan el trabajo y eso siempre ha sido muy importante para mí.

–Si pudieras despedirte de ellos uno a uno, ¿qué les dirías?

–Que estoy totalmente agradecido por la oportunidad que me han dado de disfrutar tanto de mi trabajo y de haberme podido realizar en lo que realmente me gustaba. Sin duda, la palabra es 'gracias', porque mis clientes han hecho posible que lleguemos hasta aquí.

–Pero seguiremos viéndote por Irun, ¿verdad?

–¡Por supuesto! Y ahora que voy a tener más tiempo me encantará encontrarme con los clientes por ahí. Además, a quienes me dicen '¿Qué voy a hacer yo ahora?' les doy mi teléfono y les digo que si tienen algún problema me llamen e intentaré solucionárselo. Cómo no voy a hacerlo, si ellos me lo han dado todo en la vida.

–Todavía te quedan dos semanas para seguir despidiéndote...

–Sí, hasta el 30 de septiembre aquí estaré.

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