La presión estética y los bulos nutricionales en redes sociales elevan el riesgo de sufrir trastornos de la conducta alimentaria
La nutricionista Cristina Lajas alerta sobre cómo la difusión de mitos alimentarios y la búsqueda de cuerpos irreales en plataformas digitales están fomentando conductas de riesgo.

La proximidad de periodos vacacionales como la Semana Santa, con el verano cada vez más cerca, suele traer consigo un repunte de contenidos digitales centrados en dietas milagro y soluciones rápidas para la pérdida de peso. En Radio Irun, la nutricionista Cristina Lajas ha puesto el foco en "la peligrosidad de seguir consejos generalistas" difundidos en redes sociales por perfiles que, en muchos casos, "no cuentan con la titulación requerida". Lajas insiste en que "la nutrición es una ciencia donde no existen fórmulas universales", ya que cada intervención debe ser "personalizada y adaptada a las patologías o necesidades específicas" de cada individuo.
El peligro de las modas como el ayuno o la dieta antiinflamatoria
Uno de los puntos más críticos tratados ha sido la popularización de herramientas como el ayuno intermitente o la dieta antiinflamatoria. Según explica la experta, lo que se presenta en las pantallas como "una estrategia infalible puede esconder graves contraindicaciones". Cristina Lajas señala que "lo que se hace más viral normalmente es de lo que menos nos tenemos que fiar", porque lo más alarmista o lo más impactante en nutrición suele ser motivo de desconfianza. En este sentido, advierte de que "prácticas como el ayuno pueden ser perjudiciales para mujeres con problemas hormonales o personas con diabetes", colectivos que nunca deberían iniciar estos protocolos sin una supervisión profesional directa.
La nutricionista también ha analizado el impacto de los referentes públicos, como los deportistas de élite, cuyas rutinas son a menudo imitadas por la población general sin tener en cuenta que sus necesidades fisiológicas son radicalmente distintas. El hecho de que un futbolista profesional siga una pauta determinada no significa que "sea extrapolable al ciudadano medio", y seguir estos consejos sin criterio "puede derivar en problemas de salud".
El impacto psicológico de la demonización de alimentos
La presión estética que ejercen las redes sociales está provocando "un cambio preocupante en la relación de la sociedad con la comida". Lajas destaca que se están fomentando "conductas muy propias de los trastornos de la conducta alimentaria", ya que muchos mensajes tienden a "demonizar alimentos básicos". Afirmaciones recurrentes en Internet que aseguran que el pan engorda, que la fruta es perjudicial de noche o que la leche es tóxica, generan "una sensación de culpa y miedo" que antes se limitaba a la adolescencia, pero que ahora afecta a personas de todos los rangos de edad, incluidos adultos mayores de sesenta años.
Esta falta de rigor científico no solo afecta a la percepción de los alimentos, sino también a una "sobresuplementación masiva" de sustancias como el magnesio, el omega 3 o la creatina. La experta recuerda que estos productos, aunque "tienen utilidad en contextos muy específicos y estudiados", se están vendiendo de forma libre y consumiendo sin una valoración previa que determine si realmente existe una carencia o un desgaste que justifique su uso, lo cual supone un riesgo añadido para el organismo.
Cómo identificar fuentes fiables y evitar el intrusismo profesional
Ante la avalancha de información, la nutricionista ofrece pautas claras para que los usuarios puedan protegerse del intrusismo. La principal garantía es "confirmar que el interlocutor es un profesional colegiado", ya que "la popularidad o el número de seguidores no es un criterio de calidad del mensaje". Un profesional sanitario siempre explicará el porqué de las recomendaciones y sabrá matizar según el caso concreto, huyendo de los mensajes simplistas y polarizados que buscan generar polémica para ganar visibilidad en el algoritmo.
A nivel general, Cristina Lajas aboga por el equilibrio y la tranquilidad mental. Asegura que disfrutar de alimentos tradicionales como las torrijas esta Semana Santa no supone un riesgo si se mantiene una base de alimentación saludable y se huye de los miedos irracionales fomentados por el contenido digital no contrastado. La clave reside en ponerse en manos de especialistas y entender que la nutrición debe ser una herramienta de salud, no una fuente de ansiedad o castigo estético.
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