Ezezagunok, el sueño teatral que nació en Irun y ha terminado conquistando el Premio Max "lo primero que pensé fue: ‘¡La manzanita!’”
La compañía irundarra, formada por actores y actrices con discapacidad intelectual, recibe el máximo reconocimiento estatal tras casi dos décadas de trabajo y resistencia cultural

En 2007, cuando la inclusión apenas tenía espacio en los escenarios, tres personas decidieron levantar en Irun una compañía de teatro formada por actores y actrices con discapacidad intelectual. Casi veinte años después, aquel proyecto nacido entre dudas y precariedad acaba de recibir el Premio Max de carácter aficionado 2026, el reconocimiento más importante del teatro estatal, que se les entregará este lunes en una gala en Mérida
Un nuevo proyecto
Detrás de aquella idea estaban Ana Pérez, fallecida en 2024, Miren Etxeberria y Luisma Moreno, directores y fundadores de la Asociación Teatral Ezezagunok. “Unimos de donde veníamos todos para intentar montar una compañía de teatro de personas con discapacidad intelectual, que era algo que entonces, y hoy en día de cierta manera también, no existía”, recuerda Moreno. Los tres procedían de ámbitos distintos pero complementarios. Ana Pérez era actriz y directora, mientras que Miren Etxeberria y Luisma Moreno trabajaban en el ámbito de los servicios sociales y la inclusión de personas con discapacidad intelectual. Además, compartían una intensa actividad cultural en Irún, donde se conocieron años antes.
El inicio estuvo lejos de ser sencillo. Contactaron con doce familias para presentarles el proyecto y la respuesta inicial fue de incredulidad. “Nos dijeron que estábamos locos, qué esperábamos, que dónde íbamos a ir con sus hijos”, explica Moreno. Aun así, lograron poner en marcha una prueba piloto con el apoyo del Ayuntamiento de Irun. Sin un local estable, comenzaron a ensayar en una sala cedida por el consistorio entre octubre y diciembre de 2007. En apenas tres meses escribieron y prepararon una pequeña obra titulada El secreto de las cosas, que se representó una única vez en el Ateneo Kabigorri de Irun.
Marcando el futuro
Aquella primera función duraba apenas doce minutos y estuvo llena de improvisaciones y recursos para sacar adelante el espectáculo. “El actor o la actriz que hacía texto lo hacía igual con un libro, con un papel pegado con celo, o con el guion en la mesa”, rememora Moreno. Sin embargo, aquella experiencia terminó marcando el futuro del grupo. “Fue súper intenso, súper complicado, pero súper chulo. Nos encantó el proceso”.
Tras aquella representación, el grupo decidió continuar y en 2008 se constituyó oficialmente como asociación sociocultural sin ánimo de lucro. Desde entonces, la compañía no ha dejado de crecer. De los doce actores y actrices iniciales todavía permanecen siete. En estos años han pasado cerca de cuarenta personas por la compañía y actualmente el grupo está formado por 21 integrantes.
Una oportunidad para todos
Uno de los principios que ha definido a Ezezagunok desde sus inicios ha sido su rechazo a cualquier tipo de selección basada en capacidades. “Nosotros no hemos hecho nunca un proceso de casting, porque va en contra de nuestra filosofía”, afirma Moreno. “El que mejor habla, el que mejor se mueve o el que mejor se expresa no puede tener más oportunidades que quien tiene más dificultades”. En lugar de pruebas o filtros, el grupo solo plantea dos preguntas a quienes desean entrar: “¿Te gustaría hacer teatro?” y “¿Estás dispuesto a trabajar y ensayar también en casa?”. Si la respuesta es afirmativa y hay plazas disponibles, la persona entra en la compañía.
Con el paso de los años, Ezezagunok fue alejándose del formato de actividad puntual para convertirse en una verdadera compañía teatral. Los montajes comenzaron a exigir procesos de creación más largos y complejos, con obras que podían desarrollarse durante dos o tres años antes de finalizar su gira.
Los Goya del teatro
El reconocimiento estatal llegó de forma especialmente intensa en los últimos dos años. Además del Premio Max, la compañía acumula trece premios estatales recientes. Para Moreno, el valor del Max es doble: “Se nos premia como grupo aficionado, con un componente social elevadísimo lógicamente, pero no solo por la parte social, sino también por la parte aficionada”.
La noticia del galardón fue recibida con incredulidad y emoción. “Fue una locura. El Premio Max es el más importante de todo el Estado. Cuando me llamaron y me dijeron que habíamos sido elegidos, lo primero que pensé fue: ‘¡La manzanita!’”. Sin embargo, la alegría también estuvo marcada por la ausencia de Ana Pérez, fallecida en junio de 2024. “Dentro de la alegría más absoluta también hay una gran parte de emoción y un poquito de sabor agridulce porque Ana no está con nosotros”, admite Moreno.
Precisamente 2024 marcó un punto de inflexión para la compañía. Poco después de la muerte de Ana, el grupo decidió seguir adelante y participar en el Festival Internacional de Teatro Amateur de Girona. “Podíamos haber dicho hasta aquí, pero las familias y los actores y actrices dijeron: seguimos adelante”. Aquella actuación abrió numerosas puertas. Desde entonces, la compañía ha actuado en diferentes festivales y certámenes de todo el país, pasando por lugares como Almagro, Getafe, Murcia o Navarra.
Aún así, Moreno reconoce que todavía sienten que queda mucho camino por recorrer, especialmente en Euskadi. “No hemos actuado nunca en Bizkaia con este montaje tan premiado”, lamenta. “Nos gustaría actuar en Bilbao, en Donostia o en Vitoria-Gasteiz”.
Los desconocidos
El nombre de la compañía también encierra una declaración de intenciones. Ezezagunok significa "los desconocidos'"y, según explica Moreno, hace referencia a cómo históricamente las personas con diversidad cognitiva han sido etiquetadas y apartadas. “Realmente son personas que no son conocidas cuando han tenido que ponerse tantas etiquetas”.
Lejos de buscar únicamente el reconocimiento social, la compañía reivindica ante todo su identidad artística. “Nosotros queremos hacer teatro, divertirnos con el teatro y proponer cosas al espectador”, resume Moreno. “Queremos estar donde están el resto de compañías de teatro”.
Casi 20 años después de aquella pequeña obra de doce minutos representada en Irun, Ezezagunok se ha convertido en un referente del teatro inclusivo estatal sin renunciar nunca a su esencia: demostrar que el escenario también pertenece a quienes durante demasiado tiempo permanecieron fuera del foco.

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