Las proyecciones de subida del nivel del mar ponen en cuestión la viabilidad del aeropuerto de Hondarribia, situado en zona inundable
Los estudios que prevén una subida del nivel del mar de 30 centímetros para 2050 obligarán a transformar el litoral y a proteger con ingeniería barrios como Amute o Mendelu.

Avión recién aterrizado en el aeropuerto de Hondarribia-San Sebastián
El cambio climático y la subida del nivel del mar están alterando el ritmo de los procesos naturales en la comarca del Bidasoa de forma acelerada. Si desde principios del siglo pasado el Cantábrico ha registrado un ascenso de 20 centímetros, las proyecciones científicas actuales estiman que en los próximos 25 años el mar subirá otros 30 centímetros, pudiendo alcanzar hasta un metro de incremento a finales de siglo en el escenario más desfavorable. Este fenómeno, condicionado por factores globales como el deshielo de Groenlandia y la expansión térmica del agua al absorber el 90% del calor generado por el ser humano, ya se traduce de forma local en inundaciones recurrentes en puntos críticos como los barrios de Amute y Mendelu o el parking de la Benta durante mareas vivas.
Ante esta realidad física, el debate sobre la vulnerabilidad del estuario afecta de forma directa a infraestructuras estratégicas de la comarca, singularmente al aeropuerto de Hondarribia-San Sebastián, ubicado en plena zona inundable.
Observación científica y viabilidad técnica
Consultado en los micrófonos de Radio Irun sobre la viabilidad a futuro del aeropuerto guipuzcoano y la necesidad de planificar un posible traslado, Maxi Castrillejo, científico y ecólogo marino de la Universidad de Lausana, ha mantenido una postura analítica y alejada del catastrofismo. El experto hondarribitarra ha precisado que el panorama actual no es una vía muerta, sino un escenario que exige decisiones basadas en datos.
Según explica Castrillejo, la comunidad científica (a través de diversos proyectos institucionales vascos y europeos en los que colabora el centro tecnológico AZTI) se encuentra en una fase de observación y asesoramiento para determinar con precisión cuáles serán las potenciales zonas inundables a medida que avance el siglo. "Me gustaría pensar que los ingenieros, arquitectos y toda esta gente, una vez que tengan toda esa información, harán un plan estratégico nacional donde se tendrá en cuenta la información de los científicos", ha señalado el oceanógrafo, quien defiende que, con los datos en la mano, "es factible hacer frente a la subida del nivel del mar" y proteger la pista.
Para explicar el margen de tiempo que tiene la comarca antes de que el agua sea un problema grave para el aeropuerto y las viviendas, Castrillejo utiliza un ejemplo muy playero: "Esto es como cuando está subiendo la marea; estamos todavía a tiempo de hacer retroceder la toalla para que no se nos moje". Eso sí, recuerda que en la vida real es más difícil. "Subir la toalla en la playa es fácil, lo que implica eso luego a la hora de adaptar las costas es bastante más complejo y hay que hacerlo con tiempo y con una planificación", advierte.
Ingeniería y "dar espacio" al río Bidasoa
La solución para el entorno urbano e industrial de la comarca no dependerá de una única vía. Castrillejo apunta que será necesario acometer obras de ingeniería civil adaptadas a los nuevos escenarios climáticos, tales como la construcción de compuertas en determinados pasos o la elevación del terreno en torno a medio metro o un metro en las zonas más expuestas de Amute o Mendelu.
Sin embargo, el científico recuerda que la intervención humana debe combinarse con soluciones basadas en la propia naturaleza, poniendo en valor proyectos como Life Humedales desarrollado en las marismas de Txingudi. Los ecosistemas de marisma, playa y vegetación funcionan como amortiguadores naturales con mucha mayor capacidad de adaptación que las zonas completamente urbanizadas. "Si uno le da espacio al Bidasoa para que desemboque, esa agua se acumula y tienes menos oportunidades de que desborde todo eso", detalla el experto, recordando la importancia de no "embotellar" el cauce del río.
El reto, por tanto, se traslada ahora a las instituciones de la comarca, que deberán gestionar el diseño de una costa que inevitablemente va a cambiar. Para Castrillejo, la clave del éxito radica en anticiparse a las obras logrando que la ciudadanía comprenda que se trata de un problema real pero gestionable, asumiendo que la salud y sostenibilidad de nuestro entorno costero depende de las medidas que se planifiquen hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario