viernes, 3 de julio de 2026

Irun se mira al espejo este verano, una ciudad que quiere sentimiento

Noticia publicada en Txingudi Radio, el jueves día 2 de Julio de 2026.

IRUN SE MIRA AL ESPEJO ESTE VERANO, UNA CIUDAD QUE QUIERE SENTIMIENTO

IRUN SE MIRA AL ESPEJO ESTE VERANO, UNA CIUDAD QUE QUIERE SENTIMIENTO

 

Por las calles de Irun, cuando el verano empieza a calentar las fachadas y el Bidasoa se vuelve un espejo inquieto, hay una invitación que se repite como un murmullo: disfrutar, conocer, sentir. Tres verbos que el Ayuntamiento ha elegido para contar una historia que, en realidad, ya estaba ahí, esperando a que alguien la narrara La nueva campaña turística no recurre a modelos ni a paisajes idealizados. Prefiere algo más honesto: rostros de irundarras, gente que camina estas calles desde hace años, que sabe dónde cruje la madera del Juncal y cómo huele el aire cuando uno se acerca a Plaiaundi al amanecer. Son ellos quienes sostienen el relato, quienes prestan su imagen para que la ciudad se cuente a sí misma.

 La ciudad que se explica con sus vecinos

En la presentación, frente a la Oficina de Turismo, la delegada de Impulso de Ciudad, Nuria Alzaga, lo dijo con una claridad que no necesitó adornos: “Queríamos que fueran los propios irundarras quienes mostraran, con orgullo, los recursos turísticos que tenemos.” Y lo cierto es que la campaña respira ese orgullo. No es una invitación dirigida solo a quienes llegan desde fuera, sino también a quienes viven aquí y, quizá sin darse cuenta, han dejado de mirar.

Porque Irun, como tantas ciudades fronterizas, tiene esa costumbre de esconder tesoros en los pliegues de su historia: los hornos de Irugurutzeta, recién inaugurados; las termas romanas que devuelven al presente un eco de hace dos mil años; el Museo Oiasso, que sigue siendo una puerta abierta a la memoria.

Rutas que cuentan historias

Las visitas guiadas vuelven este verano con la serenidad de lo que ya se ha convertido en tradición. La ruta Puente a Puente, por ejemplo, es una caminata que no solo recorre el Bidasoa: recorre también las cicatrices y los símbolos de una ciudad que ha vivido guerras, aduanas, pasos y despedidas La subida al campanario del Juncal es otra de esas experiencias que parecen pequeñas pero no lo son. Desde arriba, Irun se despliega como un tablero de historias cruzadas: el Ensanche, la calle Mayor, el Paseo de Colón. Y en ese silencio de altura, uno entiende por qué la campaña habla de sentir.

El ocio como forma de identidad

Bajo el verbo Disfrutar, la campaña se vuelve más dinámica. Oier Martín pedaleando por el bidegorri de Behobia es una imagen que podría ser de cualquier mañana de verano: luz oblicua, ritmo constante, esa sensación de libertad que solo da la bicicleta.

En el río, un grupo de jóvenes —Nahia, Aitana, Javier, Elvira e Iker— avanza en canoa. Reman con la naturalidad de quien conoce el agua desde pequeño. El Bidasoa, en esas escenas, deja de ser frontera para convertirse en escenario.

Conocer para reconocerse

Las termas romanas del Museo Oiasso, descubiertas por Yolanda Prieto y Maripaz Bidasoro, son un recordatorio de que Irun fue Roma antes de ser Irun. Y el centro de interpretación de Irugurutzeta, visitado por Mari Montero, Marilén Michelena, Margari Sanz y Mari Nieves Urchegui, es una prueba de que el pasado industrial también puede ser hermoso cuando se explica bien.

Sentir el territorio

La campaña culmina con dos imágenes que no necesitan palabras: Plaiaundi, con su vida silenciosa de aves y marismas, y Aiako Harria, donde Iñigo Vilas camina junto a su hija Lucía, acompañados por Almudena Pérez y Nekane Sistiaga.La cascada de Aitzondo cae como una respiración profunda. Allí, lejos del ruido, Irun deja de ser ciudad y se convierte en territorio. Y ese territorio, cuando se siente, cambia algo en quien lo recorre.

 

Una campaña que es más que una campaña

En el fondo, esta iniciativa no es solo publicidad turística. Es una declaración de identidad. Irun quiere que la miren, sí, pero también quiere que la vivan. Que quienes se quedan en verano descubran que no hace falta viajar lejos para encontrar historias nuevas. Que quienes llegan de fuera entiendan que esta ciudad es más que un cruce de caminos.

Y que todos, visitantes y vecinos, puedan decir que han disfrutado, conocido y sentido Irun.

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