Tras su paso por las fiestas de Irun, el empresario riojano Juan Manuel Ortega, creador de la afamada Tómbola Antojitos, pone rumbo a Iruñea para repartir suerte y alegría en los sanfermines. Tras dedicar toda una vida a la feria, Ortega, de ascendencia navarra, mantiene la misma "ilusión" por su trabajo, incluso aguantando jornadas de "10, 12 o 15 horas seguidas" durante varias jornadas de fiestas.

¿Qué tal está?

Todo lo bien que se puede estar con 70 años. No me quejo. 

¿Cómo es un día normal para usted en su trabajo?

Hay bastante rutina, aunque no lo parezca. Repones género, traes y llevas a la tómbola toda la mercancía, preparas los boletos para la tarde... Y luego toca tomar un pintxo por ahí, aunque no siempre nos da tiempo. Luego comemos, apuramos una pequeña siesta... y a trabajar. La siesta no siempre se puede, porque hay días con mucho trabajo, pero siempre se agradece.

¿Cómo acabó dedicando su vida a este negocio?

Mis padres trabajaban en la feria, pero no tenían una tómbola. Tenían otros juegos. Yo empecé después de la mili con el juego de la ranita, las carreras de camellos... hasta que cogí la tómbola. Y hasta hoy. 

Tómbola Antojitos

Tómbola Antojitos Arnaitz Rubio

¿Qué juegos llevaban sus padres en la feria?

El bumper. Era una especie de billar donde tiraban todos. Era un juego de competición. Consistía en 12 máquinas como si fueran billares, tiraban la bola e iba rebotando y haciendo números. El que más puntuación hacía, ganaba. 

“Te da alegría. Ves a la gente que te quiere, que te reclama, y eso te da satisfacción, y te hace aguantar”

¿Qué se siente al contar con tanta fama dentro de su gremio?

Me transmite mucho orgullo, y me hace saber que he hecho las cosas bien. Eso es lo que me está haciendo aguantar un poco más de lo normal. Te da alegría, ves a la gente que te quiere, que te reclama, y eso te da satisfacción y te hace aguantar. La gente sabe quién eres y vienen a verte a ti.

¿De dónde sale la idea de la melodía de la Tómbola Antojitos?

Eso sale trabajando y fijándose en la reacción del público. Al principio ni lo preguntaba, pero ahora a la gente, a los padres, a todos les gusta que interactúes con ellos. Yo pregunto “¿Y dónde te ha tocado?”, y responden “En la Tómbola Antojitos”. Eso a la gente le da alegría, y encima ves a todo el mundo grabando... Ves a niños pequeños que al llegar a la feria, mucho antes de subir a una atracción o ir a cualquier otro puesto, piden venir a la tómbola. Eso te da satisfacción y te da mucha alegría.

UDATEST

Un lugar cercano para desconectar.

Me quedo con Logroño.

Un viaje inolvidable. 

Cualquiera de mis viajes a Tenerife. Es un gran lugar.

¿Dónde iba de vacaciones cuando era crío?

A Igantzi, cerca de Lesaka. 

Canción del verano. 

 En la feria escuchas tanto la de ‘Para bailar la bamba’ que me voy a quedar con esa. 

Comida y bebida favorita. 

Unos buenos chipirones en su tinta con un Rioja. 

A qué fiesta acude siempre. 

Vivo tan de cerca tantas y tantas que no puedo elegir. 

¿Ha hecho nudismo? 

No, nunca. 

Su primer trabajo de verano. 

En la feria, arrimando el hombro y ayudando a mis padres.

¿Cuál fue su primer amor de verano? 

Con 12 o 13 años, en la feria. 

¿Dejaba algo para septiembre?

Sí, casi todas. Yo lo que quería era trabajar, y empecé a hacerlo con unos 12 años.

¿Siente la misma ilusión que cuando empezó?

Como no pongas ese ímpetu o esa alegría, no lo acabas de transmitir. Si la gente no nota esas ganas y esa ilusión, pues deja de venir. 

¿Cuál es el momento más surrealista que ha vivido en la tómbola?

Pues son muchos, y es difícil elegir. Recuerdo momentos como subir a una mujer de 103 años a tirar de la ruleta, con una vitalidad y una energía que jamás olvidaré. La gente mayor da mucho juego. De hecho, algo que ha dado un boom a la tómbola es cuando toca un Satisfyer. Siempre le toca a una persona mayor. Es gracioso ver a la persona todo colorada mientras tiene a 200 o 300 personas jaleando el momento mientras ríen, lo graban, algunos bailan... Nunca falla. 

A pesar de los buenos momentos, es una vida muy sacrificada...

Eso, sin duda. Estar cada día en un sitio sin parar en todo el año es duro. Trabajas 10, 12 o 15 horas al día y al día siguiente toca repetir. Todo esto sin parar de hablar, de cantar, de seguir el ritmo... Ahora tengo a mi hijo, que me está haciendo el relevo, pero no es algo sencillo. Tienes que ponerle muchas ganas y mucha ilusión. 

¿Cuál es la parte positiva de la vida del feriante?

Es verdad que te permite conocer muchos sitios y mucha gente diferente. Conoces al público, a familias que te vienen a ver año tras año, a hijos que antes venían con sus padres y ahora ellos llevan a sus propios hijos... La gente te saluda como si fueses de su familia, y eso es una parte vital de la Tómbola Antojitos. Le das alegría a la gente, pero ellos también te la devuelven. 

Acaba de estar en fiestas de Irun.

Sí, eso es. Buen ambiente y buena gente, pero el calor que ha hecho estos días no tiene nombre. La ola de calor se ha notado mucho, y más con tantas horas al sol, moviéndote, hablando... Pero la gente te trata muy bien y se nota que te tienen el mismo cariño que tú a ellos

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“Ya sea por el ‘¿Y dónde te ha tocado?’ o por lo que sea, la tómbola ha hecho feliz a mucha gente”

¿Qué es lo que más destaca del público guipuzcoano?

Por lo general, notas que la gente te aprecia mucho. Eso mismo lo puedo decir de un sevillano o de una persona de Zaragoza, y lo valoro mucho. En Gipuzkoa también, por supuesto, pero algo que me llama mucho la atención es la educación que tienen los niños. Te piden las cosas siempre por favor, te dan las gracias, te sonríen... Eso es algo que no se ve en todas las ferias. 

¿Cuándo volverá por Gipuzkoa?

Después de marcharnos de Irun, desde ayer estamos en Pamplona y estamos durante todas las fiestas. Después toca ir a Vitoria y luego a San Sebastián para la Semana Grande. Luego de ahí lanzamos a Valladolid, a Zaragoza y luego en el invierno a Tenerife.. Nos iremos a la isla tres meses para escapar del frío. En Tenerife se acuerdan siempre de nosotros y nos gusta mucho ir. 

 ¿Cómo le gustaría que recordasen a la Tómbola Antojitos dentro de 30 años?

Para empezar, creo que para esas fechas la tómbola ya no existirá. Será cosa del pasado. Pero creo que será recordada con cariño. Al final, has formado parte de la vida de la gente, aunque sea solo por un momento o unos minutos al año. Te subes a la tómbola, tus familiares y tus amigos te miran, y por aquí ha pasado mucha gente. Ya sea por el “¿Y dónde te ha tocado?” o por lo que sea, la tómbola ha logrado hacer feliz a mucha gente. Yo me quedaré siempre con eso.