lunes, 17 de agosto de 2026

El Histórico MI CASERIO legado de Ángel Gaztelumendi, referente Sentimental y Gastronómico del Bidasoa

Noticia publicada en Txingudi Radio, el lunes día 17 de Agosto de 2026.

EL HISTÓRICO MI CASERIO, LEGADO DE ÁNGEL GAZTELUMENDI, REFERENTE SENTIMENTAL Y GASTRONÓMICO DEL BIDASOA

EL HISTÓRICO MI CASERIO, LEGADO DE ÁNGEL GAZTELUMENDI, REFERENTE SENTIMENTAL Y GASTRONÓMICO DEL BIDASOA

 

Ayer como hoy, Gaztelumendi, el querido Antxon‑Gaztelu, sigue con su llama encendida. Ese lugar donde la ciudad empezaba a reconocerse antes de vestirse de blanco y rojo. Soldados, estudiantes y tantos iruneses ausentes que regresaban al hogar tenían una primera parada obligada: en el Bar Mi Caserio, la joya artesanal que el maestro Román Gaztelumendi levantó con manos de artista y alma de pueblo. Allí, entre el olor a madera y conversación, se hablaba de los ensayos del Generalato, de la Tamborrada, de la Banda de Música, del Real Uniónahí ficharon Patxi Gorriti y  Aznar— y de mil detalles que forman el latido íntimo de la ciudad. Las tertulias se acompañaban de las tradicionales txoperas que servían Lourdes y Manolo, siempre atentos, siempre parte de la casa. El Gaztelu de toda la vida.

 

Ángel Gaztelumendi, memoria mayor de Irun

Ángel Gaztelumendi Aramburu, nacido en Irun el 23 de octubre de 1904, creció en el "Boulevard" calle Santiago y formó una familia ejemplar junto a Josefa Acero Querejeta, con dos hijos muy queridos: José Antonio y Ana Mari. Estudió en el Colegio de San Marcial y, con solo 14 años, comenzó a trabajar en la popular Casa Martín hasta 1936. Exiliado en Hendaya durante la guerra civil, dirigió el Bar del Pabellón Vasco en la Feria Universal de París, donde recordaba con precisión el cuadro de Picasso sobre Gernika y otras anécdotas que su memoria prodigiosa conservaba intactas.

De regreso a Irun, fundó el Bar Gaztelumendi – Mi Caserio el 1 de enero de 1942, trabajando durante 51 años junto a su esposa, sus hijos —entre ellos la querida Ana Mari— y sus cuñadas María y Juana. Con él estuvieron Migueltxo Gracenea, Txorrua (Ignacio Estomba), Frescowich (Manuel Retegui) y Claudio Urtizberea, figuras inseparables de la casa.

El bar se convirtió en un espacio de respeto absoluto: mesas reservadas, cuadrillas fijas y la célebre mesa de los sabios, frecuentada por Gabino Otxoteko, Ramón Larrañaga, Eduardo y Jorge Segura, Niceforo, Corrocon, Jesús López, Patxi Alza, Angel Aguirre, Eugenio Celaya, Salvador Alberdi, Gorrotxategi, Antonio Estomba, Felipe Alfaro, Joshé Martín, Ramón Idarreta, Alberto Muñoz, Luis Cuñado y tantos otros iruneses jatorras.

Angel era un archivo viviente: respondía a cualquier pregunta y servía la consumición antes de que el cliente llegara al mostrador. Su profesionalidad y cariño lo convirtieron en una figura mayor de la ciudad.

 

Antxon Basabe, digno sucesor y cocinero mayor del Bidasoa

Tras décadas de trabajo, Ángel confió su legado a Antxon Basabe, quien junto a su esposa Adeli Salvatierra, Esteban “El Abuelo” y el hermano Esteban, tomó las riendas del negocio familiar.

Basabe, formado en Dijon, Alta Saboya y París, se consolidó como uno de los grandes cocineros de Euskal Herria. Antes de llegar a Gaztelumendi, dio un paso decisivo en su carrera: fundó en Hondarribia el restaurante‑sidrería Kuluska junto a Serafín Sagarzazu, “el de Zeria”, atraído por la fuerza humana y gastronómica de la región bidasotarra. Aquel Kuluska, nacido del entendimiento entre dos hombres de oficio, fue su primera casa propia, el lugar donde Basabe afinó su estilo y donde Serafín aportó la solidez de su experiencia en Zeria.

Cuando Ángel decidió retirarse, vio en Basabe no solo un cocinero excepcional, sino un heredero natural de la casa.“Nunca olvidaré a Ángel y a su familia; todo fueron facilidades”, recordaba Basabe con emoción contenida.

En Antxon‑Gaztelu se mantuvieron los célebres picantes de Ángel, símbolo de continuidad y respeto. El equipo incluía a Dionisio Samora y Augusto en cocina; Manolo, Pedrito y Lourdes en barra; y Kris y Mary Carmen en el restaurante. La simpatía de Adeli en el comedor recibía elogios unánimes.

 

La copa cerrada, un rito

Ángel, entusiasta del Alarde, ofrecía a puerta cerrada los mejores caldos cuando las compañías formaban en San Juan. Antxon Basabe mantuvo esta tradición, consciente de que el día de San Marcial es la jornada más grande del año para Irun.

La historia de Ángel, Ana Mari, Adeli, Serafín y Antxon Basabe forma un capítulo esencial de la memoria irunesa. Gaztelumendi no fue solo un bar: fue la antesala de nuestras fiestas, refugio de cuadrillas y símbolo de una ciudad que reconoce a quienes han hecho de su oficio una forma de servir a Irun

 
 

El histórico Antxon‑Gaztelu refuerza su identidad con quesos, picantes y una oferta renovada que mantiene vivo el legado de Ángel y Antxon Basabe

El universo de Gaztelumendi suma desde hace unos años, un nuevo capítulo: Antonio Giacobo dirige ahora las operaciones del emblemático establecimiento, heredero de la tradición que levantaron Ángel Gaztelumendi y más tarde Antxon Basabe. La casa, conocida por generaciones como Antxon‑Gaztelu, mantiene intacto su espíritu irunés, pero incorpora una línea renovada de quesos, picantes y menús que amplían la oferta sin perder la esencia que la convirtió en referencia del Bidasoa.

Giacobo, hombre de oficio y sensibilidad gastronómica, asumió la responsabilidad con respeto absoluto hacia la historia del local. Su llegada no supuso ruptura, sino continuidad: una forma de seguir encendiendo la llama que Ángel inició en 1942 y que Basabe mantuvo con maestría durante décadas.

 

Un legado que se respeta y se actualiza

La nueva etapa conserva los elementos que hicieron grande al bar los picantes de Ángel, que siguen elaborándose con la receta original; la selección de quesos del Bidasoa, que Giacobo ha ampliado con criterio; y los menús de temporada, pensados para unir tradición y producto local. Gracias Antonio Giacobo por la apuesta.

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