Irun blinda su protocolo contra la violencia machista con formación especializada para policía y personal municipal
El exdelegado del Gobierno para la violencia de género, Miguel Lorente, analiza en Irun los retos de la lucha contra la violencia machista, alertando sobre el negacionismo juvenil y la necesidad de una respuesta profesional proactiva que rompa silencios.

El Ayuntamiento de Irun ha reforzado recientemente su estrategia de protección a las mujeres con una jornada formativa dirigida a la Policía Local, la Ertzaintza y el personal municipal de atención directa. Esta iniciativa, organizada por el área de Seguridad y Convivencia Ciudadana, se integra en el despliegue de protocolos interinstitucionales diseñados para evitar la revictimización y garantizar un acompañamiento integral desde el primer contacto. El encuentro contó con la participación de Miguel Lorente Acosta, médico forense y exdelegado del Gobierno para la violencia de género, quien analizó "los retos actuales de la intervención profesional y la necesidad de adaptar las respuestas públicas ante la evolución de la realidad social y el aumento de los discursos negacionistas entre los sectores más jóvenes".
El diagnóstico especializado como base de la intervención
La formación de los profesionales que operan en el entorno local resulta "determinante para identificar una violencia que, a menudo, permanece invisibilizada" bajo dinámicas de control estructural. Miguel Lorente destaca que España se sitúa "en la vanguardia legislativa al reconocer la violencia de género como una tipología específica y diferenciada de otras violencias interpersonales". El experto utiliza un símil médico para explicar la importancia de esta distinción, señalando que "para poder responder ante el problema tenemos que identificar previamente el problema", de la misma forma que la medicina diferencia entre distintos tipos de patologías para aplicar el tratamiento adecuado. Esta especialización permite "desarrollar herramientas de detección" que van más allá del daño físico evidente, permitiendo a los agentes y trabajadores municipales actuar ante señales de control o intimidación antes de que la situación derive en escenarios de mayor gravedad.
La proactividad frente a los estereotipos y la cifra negra
Uno de los mayores obstáculos en la atención inicial es "la persistencia de mitos" que asocian el maltrato exclusivamente con agresiones físicas visibles o perfiles de víctimas muy específicos. Lorente advierte de que "el 100% de las víctimas pasan por consultas médicas, donde a menudo no son detectadas, mientras que solo un 25% llega a formalizar una denuncia". El médico forense subraya que "estamos viendo una historia de violencia, no una agresión puntual", y recalca que "las mujeres suelen acudir a los servicios de seguridad o salud días después de los episodios", cuando las marcas físicas son menos evidentes o se localizan en zonas del cuerpo fáciles de ocultar. Por ello, la formación impartida en Irun incide en que sea el profesional quien adopte "una actitud protagonista en el interrogatorio" y no espere a que la víctima relate los hechos de forma espontánea, dada la carga de culpabilidad y miedo que suele acompañar a estos casos.
Coordinación institucional para evitar el abandono del proceso
La estrategia que desarrolla Irun, basada en la coordinación entre policías, servicios sociales, sanidad y judicatura, busca "dar respuesta a la fragilidad del proceso judicial tras la denuncia inicial". Los datos indican que entre un 10% y un 15% de las mujeres que inician el camino legal terminan retirando la acusación o acogiéndose a su derecho a no declarar, fruto de la presión del entorno o la desconfianza en el sistema. Según explica el exdelegado del Gobierno, este acompañamiento coordinado es "esencial no solo para dar una respuesta al hecho criminal, sino para lograr la recuperación emocional y social de la mujer". Lorente enfatiza que la violencia de género "se construye sobre una referencia social de dominio", y que solo mediante la educación y la ruptura de la normalización, especialmente preocupante en el 22% de los jóvenes que minimizan la violencia de baja intensidad, se podrá avanzar hacia una transformación definitiva de la realidad.
El papel del entorno y la responsabilidad civil
Más allá de la actuación de las administraciones, la implicación de la ciudadanía se presenta como el último eslabón para erradicar la impunidad del agresor. Miguel Lorente lamenta que "todavía exista una percepción de la violencia machista como un asunto privado", lo que reduce drásticamente las denuncias por parte de familiares o vecinos en comparación con otros delitos como el tráfico de drogas. Esta pasividad social permite que el agresor mantenga el control mientras la víctima queda atrapada en una espiral de baja autoestima y aislamiento. La clave, según concluye el experto, reside en "abordar esta realidad con el mismo rigor y optimismo que se afronta una enfermedad tratable", identificando los síntomas con precisión para aplicar las soluciones colectivas que permitan romper el silencio y garantizar la seguridad de las mujeres.
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