Fernando Jiménez, párroco del Juncal: "A mí me jubilan, pero no me marcho de Irun, echaré una mano sin responsabilidades"
Con casi cuatro décadas de dedicación en Irun, el sacerdote se jubila el próximo 4 de octubre, tras una reestructuración diocesana, manteniendo su colaboración pastoral en Donostia sin asumir labores organizativas.

El párroco de la iglesia de Nuestra Señora del Juncal de Irun, Fernando Jiménez, se jubilará el próximo 4 de octubre tras más de medio siglo de sacerdocio y casi cuatro décadas de labor pastoral en la ciudad fronteriza. La decisión se enmarca dentro de una remodelación eclesiástica a escala diocesana en Gipuzkoa y supondrá el cierre de una extensa trayectoria en el municipio, donde asumió la responsabilidad del Juncal en 2009 tras haber permanecido previamente 21 años al frente de la parroquia de Pentecostés en Velaskoenea.
El anuncio de la retirada pastoral le fue notificado a primeros de julio por el obispo de la diócesis, según explicó el propio Jiménez en los micrófonos de Radio Irun. El sacerdote admitió que, aunque el sentido común le indicaba que a sus 81 años debía llegar este momento, confiaba en prolongar su actividad un tiempo más. De hecho, Jiménez ironizó al señalar que a él lo jubilan las instancias superiores, ya que por su parte se siente con fuerzas para haber continuado varios años más gracias a una salud general favorable y una memoria prodigiosa, más allá de unas molestias en las rodillas.
El relevo coincide además con una reorganización mayor de los recursos pastorales en el municipio, en un contexto en el que Jiménez compaginaba la gestión directa del Juncal con la coordinación de otras cuatro parroquias de la zona y la atención a un compañero enfermo.
Continuidad pastoral sin responsabilidades
A pesar de abandonar la titularidad del templo irundarra, el párroco descartó una retirada definitiva del ámbito religioso o una marcha total de Irun. El sacerdote mantendrá un doble domicilio entre San Sebastián e Irun para prestar apoyo puntual en la parroquia del Rosario, situada en el barrio donostiarra de Amara. Esta colaboración se llevará a cabo a petición del propio obispo, quien le instó a seguir colaborando pero liberado de cargas organizativas, una fórmula que Jiménez afronta como una vía para seguir sirviendo en la Iglesia mientras el cuerpo se lo permita.
En Hoy por hoy Gipuzkoa, el sacerdote repasó sus inicios en la localidad, recordando que llegó a Irun en 1988 sin conocer el entorno y que su posterior traslado de Belaskoenea al Juncal le generó ciertas dudas iniciales. En aquel momento llegó a proponer otros nombres para la responsabilidad del Juncal por la exigencia que implicaba un templo con mayor volumen de ceremonias, si bien reconoció que la experiencia posterior al frente de la parroquia principal de la ciudad le ha aportado una profunda felicidad.
Transformación social y progresiva secularización
En su análisis sobre la evolución del municipio y del territorio en las últimas décadas, Jiménez enfatizó la progresiva secularización de la sociedad, un fenómeno global que ha derivado en una disminución progresiva de los sacramentos y actos religiosos tradicionales. No obstante, subrayó el valor del contacto humano mantenido a lo largo de casi 40 años de servicio en Irun, donde ha acompañado a miles de personas en momentos clave de sus vidas, abordando desde crisis familiares hasta la atención a situaciones de vulnerabilidad a través de la red de Cáritas.
En cuanto al afecto recibido por parte de los feligreses ante su inminente jubilación, el párroco aseguró haberse sentido muy querido durante toda su estancia en la ciudad, concluyendo que un sacerdote que no quiere a la gente no cumple con su misión esencial y quitando dramatismo a un cambio de etapa que asume con naturalidad.
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