EL STADIUM GAL CUMPLE UN SIGLO Y LOS EMERY VUELVEN A PONER EL ALMA DONDE EMPEZÓ CASI TODO

El Real Unión inicia ante el CD Coria una nueva temporada en Primera Federación en un año que pesa más que los demás: el Stadium Gal cumple cien años desde su inauguración el 19 de septiembre de 1926, sobre el terreno adquirido por Salvador Echeandía Gal. Aquel día Real Union FC y Barcelona empataron a dos con el arbitraje de Eugenio Angoso Rojas. En este escenario cargado de memoria, Unai e Igor Emery asumen un papel que trasciende lo deportivo
El amanecer cae sobre el Stadium Gal con esa luz oblicua que solo conocen los lugares que han visto pasar un siglo entero. Aquí, donde el viento del Bidasoa se entretiene antes de cruzar la frontera, y los ribereños desempeñaban un papel distinto al de hoy, el fútbol no empieza: se recuerda. Y en ese recuerdo, inevitablemente, aparece un apellido que en Irun no se pronuncia: se respira. Emery.
La temporada arranca con la exigencia habitual de la Primera Federación, pero este año el calendario tiene otro latido. El 19 de septiembre, Gal cumplirá cien años desde aquella inauguración de 1926, levantado sobre el terreno que Salvador Echeandía Gal compró con una mezcla de audacia y ternura por su ciudad. No adquirió solo tierra: adquirió futuro. Un hogar para el fútbol, que es otra forma de decir que adquirió un hogar para la gente.
En este contexto centenario, Unai e Igor Emery caminan con una gravedad tranquila, como quien sabe que no pisa césped, sino historia. Unai, acostumbrado a noches europeas y estadios que parecen ciudades, vuelve a posar la mirada en el verde que vio crecer a su familia futbolera. "Pajarito" Emery, Juanito Emery, Román Emery, hasta el tio abuelo también, jugador del Real Unión. Lo que no sé si Unai e Igor jugaron en Gal. Igor, desde la trinchera diaria del club, sostiene el proyecto con ese temple de artesano que entiende que los clubes no se mantienen con discursos, sino con trabajo, estructura y una fe silenciosa.
Hay familias que pasan por los clubes. Y hay familias que los atraviesan, que los fundan cada día, que los mantienen vivos incluso cuando el marcador no acompaña. Los Emery pertenecen a esa segunda especie, la más rara, la más necesaria.
La nueva temporada no es solo un inicio deportivo: es un acto de continuidad. Un puente entre aquel 1926 de Echeandía Gal y este 2026 que reclama identidad. Un recordatorio de que el Real Unión no se explica con estadísticas, sino con nombres que se repiten, con veranos en Gal, con niños que aprenden antes a decir “Aupa Unión” que a conjugar verbos. Y con presupuesto, que es la madre del cordero.
Por eso, antes de que ruede el balón, antes de que la grada despierte, antes de que el centenario se convierta en celebración, hay una certeza que atraviesa el aire como una plegaria laica:
Esta temporada no se juega solo en un campo. Se juega en un siglo. Se juega en Gal. Por cierto, y que funcione el ascensor, que con las emociones no se juega.
El Stadium en la década de los sesenta.
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