domingo, 19 de diciembre de 2021

«Pintar calaveras es para mí una forma de dar vida a la muerte»

Noticia publicada en Diario Vasco,el domoingo día 19 de Diciembre de 2021

«Pintar calaveras es para mí una forma de dar vida a la muerte»

La artista irundarra expone algunas de sus obras en el Tap Room de la fábrica de cerveza Bidassoa Basque BreweryCristina Juaniz Fernández 'Micrisantemo', originales piezas pintadas a mano


 Cristina Juaniz muestra una de sus calaveras en la cerveceria Silver Whale de la calle Peña, donde ha realizado varios murales./ FOTO DE LA HERA
 
ANIA M. SEISDEDOS* BIDASOANDV@GMAIL.COM

Si bien cuando era más joven lo hacía tan solo como vía de desahogo y expresión, sin compartirlo con nadie, Cristina Juaniz Fernández comenzó, poco a poco, a mostrar su arte al mundo. La aceptación que entonces percibió le animó a seguir por ese camino, dando visibilidad a esas obras transgresoras y reivindicativas que no dejan a nadie indiferente: calaveras de animales, manos de madera, cazadoras para vestir o corazones de aluminio que trasportan a quien las contempla hasta la India o México, o les invita a reflexionar acerca de diversas problemáticas sociales.

–Cristina, el interés por el arte te ha acompañado siempre, ¿no es así?

–Sí, siempre me ha gustado pintar y estuve cinco o seis años yendo a las clases de Susana Ferreira y además hice el bachiller artístico. Pero nunca había pensado en dedicarme al arte profesionalmente, porque no tenía mucha confianza en lo que hacía o porque no me encontraba a mí misma artísticamente.

INSIPIRACIÓN«Muchas de las cosas que hago tienen influencias mexicanas»REIVINDICATIVA«Intento que mis obras lancen mensajes sobre temas como el movimiento feminista»

–Aun así, decidiste estudiar Ilustración.

–Sí, en Barcelona, pero no con idea de dedicarme a ello.

–¿Qué pasó cuando terminaste los estudios?

–Aparqué bastante el tema y me dediqué a otras cosas. Hasta que un día me dije que no quería desperdiciar ese hobby, porque me parecía precioso. Así que empecé a pintar cosas que me inquietaban o me pasaban por la cabeza, en forma de crítica. Comencé a publicarlas en Instagram y vi que tenía bastante aceptación, que a la gente le gustaba.

–Gracias a que mostraste tu trabajo en las redes sociales te hicieron tus primeros encargos.

–Sí; Pablo, del bar Eskina Mosku, me pidió que pintara el baño y una amiga que hiciera una exposición en su bar de Hondarribia, Le petit Treme, que ya no existe. También pinté un mural con Bitamine Faktoria en Larreaundi y otros en la cervecería Silver Whale de la calle Peña. Esto me sirvió para empezar a crecerme un poco. Fue el año anterior a la pandemia.

–Una pandemia que te pilló a unos cuantos kilómetros de aquí

–¡En Perú! Unos años antes había ido a la India y me enamoré del hecho de viajar, así que volví a casa de mis padres con la intención de ahorrar dinero para poder viajar un año por Sudamérica.

–Y empezaste por Chile.

–Sí. Además llegué pocos meses después del estallido social. Todavía se respiraba revolución y las calles del centro de Santiago de Chile eran puro arte urbano, era maravilloso.

–Después viajaste a Perú.

–Sí, pero el día que llegué a la selva nos confinaron, y así estuve cuatro meses. Aproveché para pintar mucho, sobre todo lo que veía allí, las plantas, las hojas y mariposas gigantes... Hasta que pude volver.

–Una vez aquí ¿seguiste pintando?

–Sí, quise aprovechar ese tirón. De hecho, hice una exposición en el Gazteleku de Irun en torno al 8M, participé con Bitamine en el mercado navideño del año pasado y el Ayuntamiento me ha llamado más veces. Entre ellas, para participar en el proyecto 'Kultura KM0', realizar una exposición de un día sobre sexualidad con el departamento de Juventud y ofrecer un taller sobre tote bags.

–Fue entonces cuando comenzaste a plantearte comercializar tus obras, ¿verdad?

–Como tenía más tiempo libre que nunca, porque ahora trabajo en una tienda a media jornada, me planteé comercializar las cosas que hacía.

–Tus piezas son, en general, llamativas y originales, pero lo que más llama la atención son las calaveras pintadas de vacas y cabras.

–A mí las calaveras me encantan, pero entiendo que a la gente al ver una en el monte no le resulte atractiva. Pero por ejemplo en México a todo el mundo le gustan las calaveras, porque son coloridas y florales. Las que yo pinto también tienen colores vivos, que le dan vida y al mismo tiempo una función decorativa. Ya no es una calavera que te lleva a la muerte, sino que de repente tiene valor.

–Los colores vivos también son una característica de tus manos de madera y cazadoras.

–Sí, suelo utilizarlos en todo lo que hago. También son típicas en mis obras las flores, serpientes, ojos, manos...

–Además, elaboras corazones de aluminio, que son muy típicos de la artesanía mexicana.

–Me parecen maravillosos. La verdad es que nunca he estado en México, pero muchísimas de las cosas que hago tienen influencias de ese país, porque a mi madre también le encanta y me lo ha inculcado.

–Muchas de tus piezas incluyen mensajes reivindicativos o invitan a la reflexión.

–Sí, intento que mis obras lancen algún mensaje. Sobre todo, en torno al movimiento feminista, temas sociales que me parecen injustos, y de desarrollo personal, de lo que tenemos dentro, nuestros demonios... En definitiva, de realidades latentes o de temas tabúes que se deberían visibilizar más.

–Hasta finales de enero expones tus piezas en el Tap Room de la Bidassoa Basque Brewery. ¿Qué tal está yendo?

–Muy bien. Durante la inauguración se me acercó más de una persona desconocida para comentarme que mi trabajo le parecía muy original. Además, ese día vendí un montón de corazones y un par de cazadoras.

–Hablando de ventas, ¿cuál es la vía para contactar contigo?

–Por ahora en Instagram (@micrisantemo).

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